Las Elecciones Generales de este año significaron una válvula de escape a la tensión acumulada luego de tanta crisis política que vivía el país. En julio creció el optimismo y hubo espacio para la esperanza de que las cosas cambiaran y de que se solucionaran algunos de los problemas más acuciantes, entre ellos la inseguridad.
Sin embargo, tras apenas 50 días de gobierno esta expectativa empieza a diluirse. Solo un 37% por ciento de los encuestados aprueba el desempeño del gobierno de Keiko Fujimori. Esta cifra es el resultado de varios factores. Por un lado, la encuesta realizó pocos días después del secuestro de un empresario minero en Trujillo lo que muestra que la inseguridad continúa siendo un problema para el que la ciudadanía percibe que no hay respuesta. Solo un 32% considera que el gobierno está muy o algo preparado para enfrentarlo.
Otro tema relevante es el fenómeno de El Niño, cuyos efectos comienzan a verse en varias regiones. Un reciente informe del IEP (https://bit.ly/3UkpPzJ) evidenció que los más afectados ante este tipo de avatares sueles ser los más pobres. En este contexto, solo el 36% de los encuestados cree que el gobierno está muy o algo preparado para enfrentar el fenómeno.
Tampoco el desempeño en economía logra la mayoría, aunque es lo mejor evaluado pues un 43% considera que el gobierno está muy o algo preparado para manejarla. Sumado todo esto no sorprende que el 52% de los encuestados vea al gobierno como “más de lo mismo” frente a un 33% que piensa que representa un cambio. La expectativa que acompañó el inicio del gobierno va dando paso a una mirada con ciertas reservas sobre lo que el gobierno puede hacer.
En un plano más personal, la valoración de la capacidad de la presidenta muestra la misma división que rodeó su elección: el 49% considera que está muy o algo preparada para gobernar, mientras que el 47% la considera poco o nada preparada.
Todo parece indicar que las buenas cifras de julio fueron algo coyuntural. Pasado el cambio de mando, el escepticismo vuelve a predominar. La economía puede ofrecer cierto margen, pero la mala valoración del desempeño de la mandataria en seguridad y prevención muestran que para gobernar hace falta mucho más que las redes sociales o argumentar la falta de delegación de facultades.


