Tras cinco años de una elección azuzada por los discursos de fraude y el lamentable papel de ciertos medios de comunicación, la historia parece repetirse. Esta vez el discurso de fraude de un candidato que veía bajar sus preferencias desde marzo, se ha visto acompañado de la ineficiencia de la ONPE y la actuación posterior del JNE. Todo ello no ha hecho sino contribuir al descenso de la confianza en las elecciones, que será difícil de revertir en el mediano plazo.
La encuesta del IEP se hizo en este contexto: sin un anuncio oficial de qué candidatos pasaban a la segunda vuelta, con una dosis de incertidumbre ante los pocos miles de votos que separaban a los candidatos que acompañarían a Fujimori en segunda vuelta y la lentitud del conteo de la ONPE. Por eso se preguntó por ambos escenarios: Fujimori frente a Sánchez y Fujimori frente a López Aliaga.
Sin iniciar aún la campaña de segunda vuelta, Fujimori y Sánchez parten empatados. Fujimori gana claramente en Lima Metropolitana y Sánchez en las demás zonas del país. Sin embargo, tanto en el norte como en el sur, los votos por Sánchez son similares a la suma de votos blancos, nulos y no precisa. Sánchez supera a Fujimori en el Perú urbano no capitalino, pero sobre todo en el Perú rural, y siguen todas las diferencias que uno esperaría en género, nivel socioeconómico, educación, ideología y edad. El voto por Fujimori no presenta diferencias por edad, el de Sánchez sí; y casi la mitad de los jóvenes no votaría por ninguno de ellos.
Una vez que tengamos los resultados oficiales y que las personas puedan pensar con claridad en un solo escenario de segunda vuelta es probable que vaya disminuyendo la indecisión y el voto en blanco o nulo. Sin embargo, no podemos perder de vista que ambos candidatos no superan el 30% del voto ciudadano, la mayoría no votó por ellos y nuevamente el antivoto o el discurso del mal menor será el protagonista en esta elección.

