Abordar el tema de la corrupción reverbera de manera contraria al espíritu navideño pero es importante cerrar el 2018 recogiendo la sensación ciudadana con relación a un tema que invadió nuestros 365 días y que demanda un cambio radical.
Lo que es evidente, y que está debajo del 78% que votó en línea con la propuesta del gobierno (votos emitidos), es que la imagen de los políticos (en general) y de diversas instituciones que forman parte del sistema político están muy asociadas a la corrupción. El congreso y el Poder Judicial están desprestigiados pero también se percibe corrupción en las alcaldías y gobiernos regionales, entre otros.
La reforma política propuesta por Vizcarra así como la intención de profundizar en todo lo que compete a la Junta Nacional de Justicia es urgente e importante. Sin embargo, no todo queda ahí. La gente, además, ve malos manejos en las comisarías, en los servicios de salud y educación pública. En su constante cotidianeidad.
Casi como un signo de adaptación derrotada, un 41% aceptaría votar, en ciertas circunstancias, por alguien asociado a la corrupción si ha demostrado antes eficacia. Como resultado, hay un grupo importante (37%) que considera que esto no tiene solución y otro que, dada la situación, considera que solo con una “mano dura” pero en democracia, se arreglarán muchos de nuestros problemas (38%)
Hemos tenido un año intenso y probablemente el 2019 lo siga siendo. El espíritu de Gonzáles Prada debe estar agitado al ver que muchos de nuestros problemas siguen siendo los mismos. Las reformas legales son necesarias pero lo más probable es que las intenciones no avancen o luego se retroceda si no se generan los consensos necesarios para orientar la voluntad política de manera correcta. Eso no estará nunca en una ley.

