Estrés nutricional durante la cuarentena

Sabíamos que la cuarentena iba a obligar a muchas familias a ajustar sus hábitos de alimentación, pero la magnitud del problema que revela la encuesta del IEP es muy superior a lo que pensábamos.

Casi tres de cada cuatro hogares peruanos han tenido que hacer ajustes en sus hábitos alimenticios. Los problemas, como era de esperar, son mucho mayores en los sectores más vulnerables. Especialmente preocupante es la situación de las zonas rurales, donde nueve de cada diez hogares señalan que han reducido la cantidad y la calidad de alimentos que consume la familia.

Estos datos implican un retroceso de varias décadas en las problemáticas rurales. Si hasta antes de la pandemia nuestra agenda nutricional se centraba en la anemia, ahora, si la situación se prolonga, en los próximos meses podríamos vernos obligados a hablar de una “agenda hambre”, algo que creíamos que habíamos dejado atrás en casi toda América Latina.

La magnitud del problema en las zonas rurales se explica por el colapso de los sistemas de intercambio urbano-rurales. Los grandes descensos de pobreza rural de las últimas décadas se deben a que cada vez más las familias rurales están insertas en estos circuitos de intercambio. Los hogares rurales ya no son solamente campesinos, sino que tienen estrategias de generación de ingresos diversificadas: trabajo en obras públicas, comercio, servicios de movilidad, etc.

Todo esto se ha quebrado y ha obligado a las familias rurales a volver a una situación de autosuficiencia, en la que dependen casi exclusivamente de lo que producen y de lo que pueden intercambiar con sus vecinos cercanos. Es decir, hemos vuelto a una economía rural parecida a la de los años 80.

Iniciativas como los mercados itinerantes o los mercados de trueque son soluciones provisionales. Pero su alcance es muy limitado. Es poco probable que puedan multiplicarse a la escala necesaria y sostenerse el tiempo. La única solución a medio plazo para evitar encontrarnos con un real problema de hambre es reactivar los circuitos de intercambio urbano-rurales.

Una nota de optimismo para terminar: los datos aparecidos en los últimos días en los Estados Unidos y en Europa muestran que las economías se están reactivando más rápido de lo que pensábamos que lo harían. Todavía son datos referidos sobre todo a las zonas urbanas, pero todo caso por lo menos es un indicio positivo.

Columna publicada en La República, 6 de junio de 2020.