Cuando votar no significa cambio

A menos de tres meses de la primera vuelta, el interés en las elecciones se mantiene en porcentajes similares a los registrados en mayo del año pasado. Si comparamos el proceso electoral de abril de 2021 con el actual, observamos que esas elecciones tampoco suscitaron mucho interés. Más aún, la confianza en que las elecciones ayudarían a mejorar la situación del país tampoco fue mayoritaria, sin embargo, hace cinco años la confianza (mucho y algo) llegaba al 52%, ahora es el 43%. Este creciente desencanto con la idea de que las elecciones realmente ofrezcan un cambio puede ayudar a explicar el bajo entusiasmo por el proceso electoral.

Lo que persiste es la fragmentación del voto, con una mayor cantidad de candidatos que en 2021. El primer y segundo lugar, por ahora, lo tienen López Aliaga y Fujimori. En un tercer escalón se sitúan Vizcarra, Álvarez, López Chau y Belmont, un cuarto escalón lo conforman Forsyth, Acuña, Espá y Pérez Tello. Finalmente, más de veinte candidatos tienen menos del 1% de la intención de voto. Quizá es importante recordar que, si bien Pedro Castillo tuvo un aumento creciente de intención de voto en los últimos meses, en enero de 2021 ya tenía 2.4%.

A diferencia de hace cinco años, cuando la identificación con la izquierda y la derecha era relativamente similar (32% y 29%, respectivamente), ahora se observa un aumento de la identificación con la derecha (41%), y una disminución de la identificación con la izquierda (22%).

Asistimos a un escenario político, con un amplio abanico de candidatos que contrasta con su capacidad para generar expectativas de cambio entre una ciudadanía crecientemente desencantada.

Columna publicada en La República, 26 de enero de 2026.